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La Palabra de Dios

                     La Palabra de Dios


♡ Primera Lectura: Is 50,4-7
 
♡ Salmo: Sal 21,2a.8-9.17-18a.19-20.23-24
 
♡ Segunda Lectura: Flp 2,6-11
 
♡ Santo Evangelio: Lc 22,14—23,56
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios».
Y tomando pan, dio gracias; lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del Hombre se va según lo establecido; pero ¡ay de ése que lo entrega!».
Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo: «Los reyes de los gentiles los dominan y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve?, ¿verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi Reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel».
Y añadió: «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos». Él le contestó: «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a, la cárcel y a la muerte». Jesús le replicó: «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme».
Y dijo a todos: «Cuando os envié sin bolsa ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?». Contestaron: «Nada». Él añadió: «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: ‘Fue contado con los malhechores’. Lo que se refiere a mí toca a su fin». Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas». Él les contestó: «Basta».
Y salió Jesús como de costumbre al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en la tentación». Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia oraba con más insistencia. Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación».
Todavía estaba hablando, cuando aparece gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?». Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron: «Señor, ¿herimos con la espada?». Y uno de ellos hirió al criado del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino diciendo: «Dejadlo, basta». Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra Él: «¿Habéis salido con espadas y palos a la caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas».
Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y le dijo: «También éste estaba con Él». Pero él lo negó diciendo: «No lo conozco, mujer». Poco después lo vio otro y le dijo: «Tú también eres uno de ellos». Pedro replicó: «Hombre, no lo soy». Pasada cosa de una hora, otro insistía: «Sin duda, también éste estaba con Él, porque es galileo». Pedro contestó: «Hombre, no sé de qué hablas». Y estaba todavía hablando cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de Él dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban: «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?». Y proferían contra Él otros muchos insultos.
Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron: «Si tú eres el Mesías, dínoslo». Él les contestó: «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto no me vais a responder. Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso». Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?». Él les contestó: «Vosotros lo decís, yo lo soy». Ellos dijeron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».
El senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo diciendo: «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que Él es el Mesías rey». Pilato preguntó a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le contestó: «Tú lo dices». Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: «No encuentro ninguna culpa en este hombre». Ellos insistían con más fuerza diciendo: «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí». Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de Él y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero Él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los letrados acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo: «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo le he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa diciendo: «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás». A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Él les dijo por tercera vez: «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré». Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, qué volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: ‘Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado’. Entonces empezarán a decirles a los montes: ‘Desplomaos sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepultadnos’; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?».
Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con Él. Y cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera", lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró.
El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo: «Realmente, este hombre era justo». Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea y que aguardaba el Reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.
 
♡ Comentario:
Hoy leemos el relato de la pasión según san Lucas. En este evangelista, los ramos gozosos de la entrada en Jerusalén y el relato de la pasión están en relación mutua, aunque el primer paso suene a triunfo y el segundo a humillación.
Jesús llega a Jerusalén como rey mesiánico, humilde y pacífico, en actitud de servicio y no como un rey temporal que usa y abusa de su poder. La cruz es el trono desde donde reina (no le falta la corona real), amando y perdonando. En efecto, el Evangelio de Lucas se puede resumir diciendo que revela el amor de Jesús manifestado en la misericordia y el perdón.
Este perdón y esta misericordia se muestran durante toda la vida de Jesús, pero de una manera eminente se hacen sentir cuando Jesús es clavado en la cruz. ¡Qué significativas resultan las tres palabras que, desde la cruz, escuchamos hoy de los labios de Jesús!:
—Él ama y perdona incluso a sus verdugos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
—Al ladrón de su derecha, que le pide un recuerdo en el Reino, también lo perdona y lo salva: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23,43).
—Jesús perdona y ama sobre todo en el momento supremo de su entrega, cuando exclama: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).
Ésta es la última lección del Maestro desde la cruz: la misericordia y el perdón, frutos del amor. ¡A nosotros nos cuesta tanto perdonar! Pero si hacemos la experiencia del amor de Jesús que nos excusa, nos perdona y nos salva, no nos costará tanto mirar a todos con una ternura que perdona con amor, y absuelve sin mezquindad.
San Francisco lo expresa en su Cántico de las Criaturas: «Alabado seas, oh Señor, por aquellos que perdonan por tu amor».

* Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)

Cortesía de: http://peque-semillitas.blogspot.com

 

Celebremos la llegada de un nuevo pastor

 
El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, se convirtió hoy en el pontífice número 266 de la Iglesia Católica, en sustitución del ya papa emérito Benedicto XVI, quien hizo efectiva su renuncia el pasado 28 de febrero.
Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en la capital argentina, en el seno de un matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio, un empleado ferroviario, y Regina.
Creció en la capital argentina y fue ahí donde comenzó a estudiar y se diplomó como técnico químico, pero poco después eligió el sacerdocio, decisión que le hizo acceder al seminario del barrio bonaerense Villa Devoto.
En 1958 comenzó el noviciado en la Compañía de Jesús, por lo que se trasladó a Santiago de Chile, donde llevó a cabo estudios humanísticos, y en 1964 regresó a Buenos Aires para dedicarse a la docencia de Literatura y Psicología en el colegio de El Salvador.
Cursó estudios de Teología entre 1967 y 1970 en la Facultad de Teología del colegio de San José, en San Miguel de Tucumán (norte de Argentina).
Su sacerdocio comenzó el 13 de diciembre de 1969, año en el que se desplazó a España para cumplir su tercer “probandato” (periodo que sirve para preparar intelectualmente a los jóvenes sacerdotes) en la Universidad Alcalá de Henares de Madrid.
La docencia desempeñó un papel muy importante en la biografía del cardenal Bergoglio, ya que impartió lecciones en multitud de colegios, seminarios y facultades.
En 1972 regresó a Argentina, después de su época en España, para comenzar como maestro de novicios en Villa Barilari, en la localidad de San Miguel, al norte del país.
Además, entre 1980 y 1986, fue profesor en la Facultad de Teología de San Miguel y rector del colegio máximo de la Facultad de Filosofía y Teología, cargos que compartió con el de párroco de la iglesia Patriarca San José, también en la localidad de San Miguel.
En 1986 regresó a Europa, concretamente a Alemania para ultimar su tesis doctoral, pero fue trasladado a la ciudad de Córdoba para ejercer como director espiritual y confesor de la Compañía de Jesús.
Su nombramiento como obispo llegó el 20 de mayo de 1992, cuando el papa Juan Pablo II le designó obispo de la Diócesis de Auca y obispo auxiliar de la diócesis de Buenos Aires.
Cinco años más tarde, en 1997, fue nombrado arzobispo coauditor de Buenos Aires y en 1998, tras la muerte del arzobispo y cardenal Quarracino, se convirtió en el arzobispo de Buenos Aires.
Bergoglio ha tenido una gran presencia en la Conferencia Episcopal Argentina, institución que ha presidido durante seis años, de 2005 a 2011, y entre sus publicaciones más conocidas se encuentran “Meditaciones para religiosos” (1982), “Reflexiones sobre la vida apostólica” (1986) y “Reflexiones de esperanza” (1992).
El cardenal argentino, quien recibió la púrpura de manos de Juan Pablo II el 21 de febrero de 2001, es miembro de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del Consejo Pontificio por la Familia y de la Comisión Pontificia por América Latina.
 
EFE

La vida y la realidad de la vida

(...) El hombre es como la espuma del mar, que flota sobre la superficie del agua. Cuando sopla el viento, se desvanece como si nunca hubiese existido. Así son nuestras vidas arrebatadas por el soplo de la Muerte...

La Realidad de la Vida es la Vida misma, que no comienza en el vientre de la madre ni termina en la tumba.

Porque los años que pasan no son más que un momento en la vida eterna; y el mundo de la materia y cuanto en él hay no es sino un sueño comparado con el despertar que llamamos el terror dula Muerte.

El éter propaga todos los ecos de nuestra risa, todos los suspiros que exhalan nuestros corazones y conservan su resonancia, que responde a cada veso nacido de la alegría.

Los ángeles llevan la cuenta de cada lágrima derramada por la tristeza, y llevan a los oídos de los espíritus que flotan en el cielo del Infinito cada canción de Alegría emanada de nuestros afectos.

Allí, en el mundo futuro, vamos a ver y sentir todas las vibraciones de nuestras emociones y todos los movimientos de nuestro corazón. Comprenderemos el significado de la divinidad que hay dentro de nosotros y a la que no prestamos atención porque estamos arrastrados por la Desesperación.

Esa acción que, en medio de nuestra culpa, llamamos hoy flaqueza, aparecerá mañana como eslabón esencial de la cadena completa del Hombre.

Las tareas crueles por las que no hemos recibido compensación vivirán con nosotros e irradiarán su esplendor y serán heraldos de nuestra gloria; y las penalidades que hemos soportado serán como una guirnalda de laurel en nuestras cabezas glorificadas...

Haz de la Belleza tu religión y adórala como si fuese tu diosa; porque es la obra visible, manifiesta y perfecta de las manos de Dios. Aléjate de los que han jugado con lo divino como si fuese una farsa y se han asociado con la codicia y el orgullo; cree en cambio en lo divino de la belleza, que es al mismo tiempo el comienzo de nuestro culto a la Vida y la fuente de nuestra hambre de Felicidad.

Haz penitencia ante la Belleza y expía por tus pecados, porque la Belleza acerca más tu corazón al trono de la mujer, que es el espejo de tus afectos y la maestra de tu corazón en los secretos de la Naturaleza, hogar de tu vida.

Y antes de despedir al gentío que lo rodeaba, añadió:

En este mundo hay dos linajes de hombres: los hombres de ayer y los hombres de mañana. ¿A cuál de ellos pertenecéis, hermanos . míos? Venid, permitidme que os observe y averiguad si sois de los que entran en el mundo de la luz, o de los que avanzan por el país de las tinieblas. Venid, decidme quién sois y qué sois.

¿Eres un político que dice para sus adentros: "Voy a valerme de mi patria en beneficio propio?" Entonces, no eres sino un parásito que vive de los demás. O bien, ¿eres un patriota sinceró, que susurra al oído de su yo interior: "Me gusta entregarme al servicio de mi país como ciudadano fiel?" En ese caso, eres un oasis en el desierto, dispuesto a apagar la sed del caminante.

¿O eres un mercader que te aprovechas y explotas las necesidades de la gente, acumulando bienes para revenderlos a precios exhorbitantes? Si es así, eres un réprobo; y lo mismo da que mores en un palacio o que tu casa sea la cárcel. ¿O eres un hombre honrado que facilitas al labrador y al tejedor dar salida a sus productos, medias entre comprador y vendedor y permites que ganen también los demás y no tú solo?

Entonces, eres un hombre justo; y no importa que te colmen de elogios o de ignominia.

¿Eres un líder religioso, que tejes con la sencillez y simplicidad de los creyentes un manto escarlata para tu cuerpo, y con su bondad una corona de oro para tu cabeza y aunque te aprovechas de la abundancia de Satanás, vas predicando el odio a Satanás? En ese caso eres un hereje y lo mismo da que ayunes todo el día y'reces toda la noche. ¿O eres el hombre fiel que ve en la bondad del pueblo una base para el mejoramiento de toda la nación y en cuya alma está la escala de la perfección que lleva hasta el Espíritu Santo? Si eres de esos, vienes a ser como un lirio en el jardín de la Verdad; y no importa que tu fragancia se propague entre los hombres o se disipe en el aire, porque allí será conservada eternamente.

¿O eres un periodista que vende sus principios en los mercados de esclavos y se realiza en la calumnia, en la desventura de la gente y en el crimen? Entonces eres como un buitre voraz que trata de hartarse de carne putrefacta.

¿O eres un maestro que se asoma al escenario de la historia e inspirado en las glorias del pasado, predica a la humanidad y obra de conformidad con lo que predica? Si es así, constituyes un remedio para la humanidad doliente y un bálsamo para los corazones dolidos.

¿Eres acaso un gobernador que mira por encima del hombro a sus gobernados y que no se afana más que por exprimirles la bolsa y explotarlos en beneficio propio? Pues entonces, eres como cizaña en el granero de la Nación.

¿Eres un servidor público dedicado, que ama al pueblo y está siempre alerta para proporcionarles bienestar y eres celoso por su prosperidad? Si es así, eres una verdadera bendición en los campos de pan de la nación.

¿O eres uno de esos maridos que se considera con derecho a cometer toda clase de atropellos, pero estima ilegal cúalquier acción reprensible de su esposa? En ese caso, eres como los salvajes ya desaparecidos, que vivían en las cavernas y se tapaban la desnudez con pieles de alimañas.

O bien, ¿eres un compañero fiel, cuya esposa está siempre a tu lado, compartiendo cada uno de tus pensamientos, de tus alegrías y de tus triunfos? Si eres así, vienes a ser como el que camina al amanecer al frente de una nación hacia el mediodía de la justicia, de la razón y de la sabiduría.

¿Eres un escritor que yergue ufanamente su cabeza por encima del vulgo, mientras su cerebro se empantana en el abismo del pasado, lleno de andrajos y desechos inútiles de las edades?. Si es así, eres como un charco de agua estancada, ¿O eres uno de esos pensadores profundos que escudriñan su yo interior, eliminando lo que es inútil, gastado y malo, para quedarse únicamente con lo que es útil y bueno? En ese caso, eres maná para el hambriento y agua clara y fresca para el sediento.

¿Eres un poeta lleno de ruido y vacío de ecos musicales? Entonces eres como uno de esos payasos que nos hacen reír cuando lloran y nos hacen llorar cuando ríen.

¿O eres una de esas almas privilegiadas en cuyas manos ha puesto Dios un laúd para que solaces el espíritu de los hombres con sones celestes y lleves a tus prójimos hacia la Vida y la Belleza de la Vida? Si te cabe esa suerte, eres como una antorcha que ilumina nuestro camino, una dulce inspiración para nuestros tristes corazones y una revelación de lo divino en nuestros sueños.

Por lo tanto, la humanidad está dividida en dos largas hileras, una integrada por los ancianos y tullidos, que se apoyan en débiles bastones y van jadeando al avanzar por el camino de la Vida como si estuviesen escalando la cumbre de una montaña cuando, en realidad están descendiendo al abismo.

Y la otra hilera está integrada por jóvenes que parecen correr con alas en los pies, cantando como si tuviesen cuerdas argentinas en sus gargantas y ascienden hacia las cumbres como arrastrados por algún poder mágico e irresistible.(...)

La Vida es una isla en un océano de soledad, una isla cuyos macizos de rocas son esperanza, cuyos árboles son sueño, cuyas flores son soledad y cuyos arroyuelos son sed.(...)

 Tomado de "La voz del maestro" /  Gibrán Khalil Gibrán

Cuentos orientales (3)

La prisión del odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

-No, gracias a Dios ya lo olvidé todo -contestó-. ¿y tú?

-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas -respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

¿Quién se atreve a juzgar?

Ocurrió una vez que en un pueblo murió de vejez el juez. Como tardaba en llegar el sustituto y los casos se acumulaban, los ciudadanos decidieron nombrar en el puesto interino a un convecino suyo a quien todos respetaban por su sabiduría y sentido de la justicia.

Al día siguiente le llegó el momento de presidir un juicio. Empezó hablando el fiscal, que, de un modo brillante y elocuente, convenció a todos los presentes sobre la culpabilidad del reo.

-¡Tiene razón el fiscal! -exclamó el improvisado juez.

-Señoría, aún debe oír al abogado -le recordó el secretario del juzgado.

Tomó entonces la palabra el abogado, que, en brillantísima exposición, también convenció a los presentes sobre la inocencia de su defendido.

-También tiene razón el abogado -dijo el Juez.

-¡Pero señoría! -volvió a intervenir el secretario-. ¡No es posible que tengan razón los dos!

-¡EI secretario tiene razón también! - Dicho lo cual, el juez dio por terminado el juicio.
Milagros sin significado

Un anciano maestro mandó a sus discípulos a recorrer mundo con el encargo de que le trajeran noticia del acontecimiento más maravilloso que hubiesen contemplado durante su viaje. Al cabo de muchos meses regresó uno de ellos y empezó a narrarle lo siguiente:

-Maestro, lo más increíble y maravilloso que he contemplado en estos largos meses ocurrió un día en que estaba a punto de tomar una barcaza que cruzaba un caudaloso río. En el momento de zarpar, llegó un pobre anciano que le pidió al barquero que por caridad lo llevase a la orilla ya que no disponía de dinero.

El dueño de la barca se negó airadamente y soltó amarras con toda rapidez, de tal modo que la barca se adentró en la corriente. Pero en ese momento, y ante la mayor sorpresa de todos, el anciano cerró los ojos, entró en un estado de arrebatamiento ¡Y comenzó a caminar sobre las aguas hasta que vadeó el río! ¿No es asombroso? ¿No es eso un milagro?

-¿Cuánto costaba el pasaje de la barca? -preguntó el maestro.

-Sólo dos monedas -respondió el discípulo.

-Pues esas dos monedas es todo el valor del milagro que has contemplado.

Auténtico conocimiento

Cuentan que, en un país lejano, los discípulos de una orden mística eran sometidos a pruebas muy duras. Un día, un maestro reunió a varios de ellos y les dijo:

-Ayer, unos aspirantes a la maestría fueron sometidos a un examen, quiero que vosotros me deis vuestra opinión sobre quién ha sido el triunfador de la prueba, y así podré conocer vuestra capacidad de comprensión. Acompañadme y os explicaré los detalles.

Caminaron juntos un trecho hasta que llegaron a un lugar donde se abrían unos pozos. El maestro continuó hablando:

-La prueba era muy sencilla. En cada uno de esos cinco pozos repletos de serpientes venenosas, se encerró a los candidatos con el objetivo de que pasaran la noche allí. Acerquémonos y veamos el resultado.

Así, cuando se asomaron al primer pozo, observaron que sólo estaban las serpientes. En el segundo pozo, vieron muerto al candidato rodeado de serpientes. En el tercer pozo, observaron al candidato tranquilamente sentado en medio de todas las serpientes muertas. En el siguiente pozo contemplaron cómo el cuarto hombre dormía a pierna suelta al lado de una pequeña hoguera sin que hubiera ninguna serpiente a su alrededor. Por último, en el quinto pozo, vieron cómo el candidato se encontraba en postura de meditación y con el rostro lleno de serenidad mientras las serpientes recorrían plácidamente su cuerpo.

-Bien -dijo el maestro-, quiero que ahora me digáis quién es el candidato que ha triunfado en la prueba, argumentándome vuestras conclusiones.

Después de una pequeña deliberación en la que constataron que todos estaban de acuerdo, un portavoz se dirigió al maestro:

-Creemos que el ganador es el hombre que está meditando en el quinto pozo. En el primero, parece evidente que el hombre huyó. El segundo murió envenenado por las serpientes. El tercero hizo un acto de valor matándolas, pero sólo se desembarazó del problema. El cuarto candidato dio muestras de inteligencia al utilizar el fuego para que las serpientes huyeran. En cambio, el último hombre consiguió tal control sobre sí mismo, y alcanzó tal grado de paz interior que hasta esos peligrosos animales han demostrado mansedumbre ante él.

-Vuestras conclusiones son producto de las apariencias y no de la realidad, mucho más simple -dijo el maestro-. Y todo porque el punto de partida es falso: la verdad es que las serpientes no sonvenenosas. Ciertamente, el primer candidato huyó creyéndose en peligro, el segundo murió presa de su propio miedo a morir, el tercero mató a unos pobres animales inofensivos, el quinto realizó un esfuerzo de concentración y control innecesarios en una situación que no lo requería. Sólo el cuarto candidato tenía un conocimiento real: él sabía que aquellos animales no eran en absoluto peligrosos,

por eso se tumbó tranquilamente a dormir, aunque antes prefirió encender una hoguera para calentarse y sacar del pozo a las serpientes para estar más cómodo.

Falsas señales de santidad

Un hombre decidió buscar a un maestro de quien poder aprender tanto de su conocimiento como de su ejemplo. Un amigo se enteró de sus intenciones y se prestó a ayudarlo:

-Yo conozco a un hombre santo que vive en la montaña; si quieres, te acompañaré a visitarlo.

Ambos iniciaron el camino en medio de una nevada y, a media jornada, se sentaron a descansar al lado de una fuente. El buscador preguntó a su amigo:

-¿Cómo sabes que ese ermitaño es un hombre santo?

-Por su conducta --contestó éste-. Viste siempre túnica blanca en señal de pureza, come hierbas y bebe agua, lleva clavos en los pies para mortificarse, a veces rueda desnudo por la nieve y tiene un discípulo que le da periódicamente 20 latigazos en la espalda.

En ese momento apareció un caballo blanco que, después de beber agua en la fuente y mordisquear unas hierbas, se puso a rodar por la nieve. Al verlo, el buscador se levantó y dijo a su amigo:

-¡Me voy, ese animal es blanco, come hierba y bebe agua, lleva clavos en sus cascos, le gusta tirarse por la nieve y seguro que recibe a la semana más de 20 latigazos. Sin embargo, no es más que un caballo.
¿Quién está más loco?

Unos hombres fueron a inspeccionar un manicomio famoso por el acertado tratamiento que allí se les daba a los pacientes. Entre los muchos enfermos encontraron a uno de ellos extremadamente sonrojado y que desprendía un gran calor.

Preguntaron a los médicos encargados sobre aquel caso tan singular.

-Es el enfermo más antiguo del hospital -contestaron aquellos sabios-. Ese hombre se cree un horno.

-¿Y cómo con sus conocimientos no han podido curarlo aún?

-Bueno...verán -se excusaron los médicos-, lo que ocurre es que hace un pan excelente.

Las respuestas de Dios

Un hombre muy devoto vivía en una casa algo alejada de una aldea. Llegada la época

de las lluvias, éstas aparecieron con una fuerza desacostumbrada. Al cabo de una semana de llover sin parar, vio cómo algunos aldeanos con sus pertenencias se alejaban del lugar pasando frente a su puerta.

-Vecino -le dijeron-, dicen que todavía lloverá mucho más, y esta es una zona que puede inundarse fácilmente. Sube a nuestro carro y nosotros te ayudaremos a cargar tus cosas.

-Gracias amigos -contestó el hombre devoto-, pero no estoy preocupado. Dios me ayudará si llega el caso. Y como acostumbraba, esa noche rezó, pidiendo a Dios que lo mantuviera fuera de peligro.

Pero continuó lloviendo dos semanas más. El agua ya había penetrado en su casa y le llegaba hasta las rodillas. Los últimos habitantes de la aldea le gritaron desde sus barcas al tiempo que remaban apresuradamente:

-Vecino, no te demores ni un instante en venir con nosotros, no pierdas tiempo en recoger nada.

Las aguas amenazan con subir aún más.

-Gracias, pero no os preocupéis por mí. Marchad tranquilos, que Dios no me dejará desamparado, seguro que mañana deja de llover -contestó desde el armario donde estaba subido. Y esa noche la pasó rezando y pidiendo a Dios que no lo abandonara en aquella situación, sin duda ya angustiosa.

Durante la semana siguiente las aguas fueron subiendo indefectiblemente, de tal modo que nuestro hombre terminó encaramado en el punto más alto del tejado. Aun así, no dejó de rezar ni un instante solicitando la ayuda de Dios, confiando ciegamente en la divina providencia. Estando en esta situación se acercó por allí un equipo de salvación perfectamente pertrechado.

-Prepárese, que vamos a salvarlo. Ha tenido suerte que pasásemos por aquí, las lluvias no amainan y la situación es cada vez peor; pero no se preocupe, aquí estamos nosotros para salvarle la vida -le gritó el jefe del equipo.

-Se equivoca, buen hombre -contestó el devoto-, mi vida sólo está en manos de Dios y él no permitirá que muera, seguro que mañana mismo deja de llover y en unos días todo vuelve a la normalidad. Esto es una prueba que Dios me manda para probar mi fe, pero yo confío en su infinita sabiduría.

Oído esto, aquellos hombres decidieron dar media vuelta, pensando que no merecía la pena esforzarse en ayudar a un loco que no quería salvarse.

Como continuó lloviendo, el hombre devoto murió ahogado al día siguiente y su alma llegó ante la presencia de Dios.

-Señor, estoy frustrado, defraudado y desconcertado. ¿Por qué te negaste a socorrerme? Sabes que recé sin parar pidiéndote que no me abandonaras. ¿Por qué lo hiciste? -preguntaba aquel alma entre desconsolados sollozos. -Mi confianza en tu ayuda era absoluta.

La voz de Dios sonó como un trueno.

-¿Cómo que me negué a ayudarte? Nadie tiene la culpa de que seas un completo idiota.

¿Quién crees que te envió a los vecinos del carro, a los de las barcas y al equipo de salvamento?

Recopilacióen de Ramiro Calle y Sebastián Vázquez

Entre las ruinas

La luna desplegó su diáfano velo sobre los Jardines de la Ciudad del Sol y el silencio cubrió a todos los seres. Los palacios derrumbados miraban amenazadoramente, como monstruos despectivos.

A esa hora dos fantasmas, como vapor que emerge de las aguas del lago, se sentaron sobre una columna de mármol, examinando la escena, que parecía mágica. Uno de ellos levantó la cabeza y, con una voz que retumbó en ecos, dijo:

-Estos son los restos de los templos que construí para ti, mi amor, y estas las piedras de un palacio que levanté para tu alegría. No queda nada más que hable a las-naciones de la gloria a la que dediqué mi vida y de la pompa por la que exploté al débil.

"Amor mío, piensa y reflexiona acerca de los hechos que finalmente vencieron sobre mi ciudad y en torno del Tiempo que destruyó mis esfuerzos.

"El olvido ya borró el imperio que establecí: de él sólo quedan los átomos de amor que creó tu belleza y los efectos de la belleza que animó tu amor.

"Erigí un templo en Jerusalén; los sacerdotes lo santificaron, pero el tiempo lo destruyó. Sin embargo, Dios consagró el altar que, para el amor, construí en mi corazón; allí se mantiene a salvo de los poderes de la destrucción.

"Los hombres dijeron de mí: ‘Qué rey sabio’; los ángeles, en cambio: ‘Qué insignificante es su sabiduría.’ Pero los ángeles se alegraron cuando te encontré, amor mío, y cantaron para ti el cántico de Amor y deseo; sin embargo, los hombres no oyeron mi himno...

"Los días de mi reino eran barrera que impedía que comprendieran al Amor y la belleza de la vida, pero cuando te vi. despertó el Amor y derribó esas barreras; entonces lamenté la vida que había perdido pensando que todo lo que existía bajo el sol era vanidad.

"Cuando el Amor me iluminó, me volví humilde, tanto ante las tribus que habían temido mi poder militar como ante mi propio pueblo.

"Pero cuando llegó la muerte, enterró mis armas mortíferas en la tierra y condujo mi amor hacia Dios.

Y el otro fantasma dijo:

-Tal como la flor adquiere vida y perfume aromático che la tierra, el alma saca sabiduría y fuerza de la debilidad y los errores de la materia.

Entonces, ambos, fundidos en uno, se fueron diciendo:


La Eternidad sóla salva al Amor,
Porque el Amor es como la Eternidad.

Khalil Gibran / Pensamientos y Meditaciones

La mariposa


Era a principios de la primavera. El sol brillaba y sus rayos deliciosos iluminaban un pequeño jardín situado al abrigo de unas casas, impregnándolo de su calor.

Y ese calor hizo salir a una mariposa mucho antes que todas las demás mariposas. Volando recorrió el jardín bañado de luz y visitó todas las flores que se izaban hacia el sol cuan largas eran.

“¡Qué colores!” –dijo la mariposa– “¡qué aroma y qué divina luz!”.

Y continuó su vuelo para compartir su alegría con todos los que encontraba.

Entre las hojas ya marchitas del otoño serpenteaban las lombrices y sus chirridos indicaban que se estaban dando un festín.

“¿No es maravillosa la naturaleza de Dios” –les dijo la mariposa– “levantad la vista hacia la Luz, pensad en los hermosos colores y en la embriagadora fragancia de las flores ”.

Pero las lombrices no levantaron ni la cabeza ni la cola hacia el cielo, pues todas sabían muy bien que nada era tan bonito y hermoso como esas hojas medio podridas que casi no hacía falta masticar.

Y la mariposa retomó el vuelo, ansiosa como estaba de dar a conocer esa maravilla luminosa que emanaba de arriba y que la llenaba de gozo. Y a continuación se posó en un narciso amarillo que, erguido, relucía en todo su esplendor.

En la tierra unos escarabajos negros se desplazaban en procesión, tal como solían hacerlo y por qué cambiar esa costumbre si era lo que conocían de siempre.

Y cada vez que avanzaban un poquito, se paraban y repetían al unísono: “Mirad hacia la tierra”.

“¡No!” –gritó la mariposa– “mirad hacia la Luz que proviene de Dios”

“No prestéis oídos a la voz que os tienta” –dijo el primer escarabajo amonestando a los demás.

“Nuestros antecesores nos enseñaron que no hay que apartar los ojos de la tierra. Un escarabajo que alza la vista corre el peligro de darse la vuelta, y un escarabajo boca arriba está totalmente desvalido e incapacitado para clavar los ojos en la tierra. Es un saber transmitido por nuestros antepasados de generación en generación desde el origen de nuestra existencia, siempre ha sido así”.
E infatigables continuaron su procesión, y la mariposa eligió otra flor donde reposar del vuelo.

“Mirad” –dijo la mariposa a las hormigas, que casi revoloteaban en la tierra de la prisa que tenían– “mirad los hermosos colores que las flores tienen cuando la luz los ilumina”.
“No tenemos tiempo” –dijeron las hormigas– “trabajamos a destajo, cada minuto es precioso y el tiempo es dinero. Si seguimos trabajando, nuestro hormiguero quizá pueda llegar a ser más grande y más vistoso que el del vecino y eso será digno de ver”.

Y la mariposa se alejó volando hasta la cima de un manzano que desplegaba su belleza floral. La mariposa miró a su alrededor y vio una oruga medidora grande y verde, que se deslizaba arqueándose por el extremo de una ramita.

“1980... 1981... 1982”

“Perdón” –dijo la mariposa cortésmente a la oruga medidora. “¿No es maravilloso estar aquí arriba y contemplar tan de cerca el azul cielo de Dios?”

La oruga medidora giró la cabeza y con sus grandes ojos negros lanzó una mirada crítica a la mariposa.

“Empecé a medir desde el comienzo del tronco” –diro irritada– “todo ha de efectuarse de manera científica: las cosas que no se pueden medir, no existen en absoluto. Cuando termine, podré notificar a todas las orugas medidoras del mundo cuál es la distancia desde la superficie de la tierra hasta el extremo de esta ramita, y nadie podrá refutarlo”.

Entonces oyó la mariposa la voz de Dios que le hablaba. Contenta echó a volar y divulgó el maravilloso mensaje que había oído.

“Escuchadme” –dijo– “os traigo un mensaje de alegría de un mundo que no podéis ver. Aquellas que cayeron en lo más profundo convirtiéndose en mariposas de las Tinieblas, y que sin vosotros saberlo controlaban y subyugaban vuestros pensamientos, todas se han arrepentido; y Dios, nuestro Padre, ha acogido con júbilo a todas en su seno. A partir de ahora la Luz se irá propagando y nadie podrá detenerla”.

Mas no comprendieron el mensaje de la mariposa, y no sintieron ningún regocijo.

Pero conforme transcurrían los días, la Luz adquiría más y más fuerza.

Y observaron, empezaron a ocurrir cosas que nadie creía posibles.

“Raro” –dijo alguien. “Extraño” –dijeron otros.

Y nuevas ideas comenzaron a brotar, y los pensamientos de las Tinieblas tuvieron que retroceder.

Y fueron cada vez más los que empezaron a alzar los ojos hacia la Luz.

Fuente: Jan Erhardt Jensen/La Mariposa

Conversaciones con Dios (2)

La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber la diferencia entre los mensajes de Dios y los que proceden de otras fuentes.

Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:

Vuestro Pensamiento más Elevado, vuestra Palabra más Clara, vuestro Sentimiento más Grandioso, son siempre Míos. Todo lo demás procede de otra fuente.

Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería resultar difícil, ni siquiera para el principiante, identificar lo más Elevado lo más Claro y lo más Grandioso.

No obstante, te daré algunas directrices:

El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.

Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.

Alegría, Verdad, Amor.

Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren.

Una vez determinado, utilizando estas directrices, que mensajes son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo único que falta es saber si Mis mensajes serán tenidos en cuenta.

La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen demasiado buenos para ser verdad. Otros, porque parece demasiado difícil seguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría, porque no se reciben.

Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la ignoráis; especialmente a ésta la ignoráis.

Vuestro mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si simplemente hubierais escuchado a vuestra experiencia. El resultado de que no escuchéis a vuestra experiencia es que seguís reviviéndola, una y otra vez; puesto que mi propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tenéis que recibir el mensaje. Antes o después.

Sin embargo, no os forzaré. Nunca os coaccionaré; ya que os he dado el libre albedrío - la facultad de hacer lo que queráis -, y nunca jamás os lo quitaré.

Así pues, seguiré enviándoos los mismos mensajes una y otra vez, a lo largo de milenios y a cualquier rincón del universo en el que habitéis. Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayáis recibido y los hayáis escuchado con atención, haciéndolos vuestros.

Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de momentos, durante un millón de años. No podéis pasarlos por alto si realmente escucháis. No podéis ignorarlos una vez los hayáis oído verdaderamente. De este modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me habéis hablado, Me habéis rezado, habéis intercedido ante Mí, Me habéis suplicado. Pero ahora puedo responderos, siquiera sea como lo estoy haciendo en este momento.

¿Cómo puedo saber que esta comunicación procede de Dios? ¿Cómo sé que no se trata de mi propia imaginación?

¿Qué diferencia habría? ¿No ves que puedo utilizar tu imaginación con la misma facilidad que cualquier otro medio? Te traeré los pensamientos, palabras o sentimientos exactamente apropiados; y en un determinado momento, precisamente cuando me venga bien para mi propósito, utilizaré alguna sentencia, o varias.

Sabrás que esas palabras proceden de Mí porque tú, espontáneamente, no has hablado nunca con tanta claridad. Si hubieras hablado ya con claridad de tales asuntos, no te preguntarías acerca de ellos.

¿Con quién se comunica Dios? ¿Se trata de personas especiales? ¿En momentos especiales?

Todo el mundo es especial, y todos los momentos son buenos. No hay ninguna persona que sea más especial que otra, ni ningún momento que sea más especial que otro. Mucha gente decide creer que Dios se comunica de maneras especiales y únicamente con personas especiales. Esto libera a las masas de la responsabilidad de escuchar Mi mensaje, y aún más de aceptarlo (esa es otra cuestión), y les permite quedarse con lo que dicen otros. No tenéis que escucharme, puesto que ya habéis decidido que otros Me han oído acerca de todos los asuntos, y tenéis que oírles a ellos.

Al escuchar lo que otras personas piensan que Me han oído decir, vosotros no tenéis que pensar en absoluto.

Esta es la razón principal de que la mayoría de la gente eluda Mis mensajes a nivel personal. Si uno reconoce que recibe Mis mensajes directamente, entonces es responsable de interpretarlos. Es mucho más seguro y mucho más fácil aceptar la interpretación de otros (aunque se trate de otros que han vivido hace 2.000 años) que tratar de interpretar el mensaje que uno puede muy bien estar recibiendo en este mismo momento.

No obstante, te propongo una nueva forma de comunicación con Dios. Una comunicación de doble dirección. En realidad, eres tú quien me lo ha propuesto a Mí, ya que he venido a ti, en esta forma, aquí y ahora, en respuesta a tu llamada.

¿Por qué algunas personas - como, por ejemplo, Jesucristo - parecen escuchar más lo que Tú comunicas que otras?

Porque algunas personas están verdaderamente dispuestas a escuchar. Están dispuestas a oír, y están dispuestas a permanecer abiertas a la comunicación aun cuando lo que oyen parezca espantoso, disparatado o manifiestamente equivocado.

¿Debemos escuchar a Dios aun en el caso de que lo que diga nos parezca equivocado?

Especialmente cuando parece equivocado. Si creéis que estáis en lo cierto respecto de algo, ¿para qué necesitáis hablar con Dios?

Seguid adelante, actuando según vuestro entender. Pero observad lo que habéis estado haciendo desde el principio de los tiempos. Y mirad cómo es el mundo. Evidentemente, en algo habéis fallado; y es obvio que hay algo que no entendéis. Lo que sí entendéis ha de pareceros correcto, puesto que <> es un termino que utilizáis para designar aquello con lo que estáis de acuerdo. Por lo tanto, aquello que se os escapa aparecerá, en un primer momento, como <>.

La única manera de adelantar en esto es preguntándose a sí mismo: <<¿Qué pasaría si todo lo que considero "equivocado" fuese realmente "correcto"?>>. Todos los grandes científicos conocen esta pregunta. Lo que hace el científico no es simplemente trabajar; el científico cuestiona todos los presupuestos y principios. Todos los grandes descubrimientos han surgido de la voluntad, de la capacidad, de no estar en lo cierto. Y eso es lo que se necesita en este caso.

No podéis conocer a Dios hasta que hayáis dejado de deciros a vosotros mismos que ya conocéis a Dios. No podéis escuchar a Dios hasta que dejéis de pensar que ya habéis escuchado a Dios.

No puedo deciros Mi Verdad hasta que vosotros dejéis de decirme las vuestras.

Pero mi verdad acerca de Dios procede de Ti.

¿Quién lo ha dicho?

Otros.

¿Qué otros?

Predicadores. Vicarios. Rabinos. Sacerdotes. Libros. ¡La Biblia, por amor de Dios!

Esas no son fuentes autorizadas.

¿No lo son?
Entonces, ¿ que hay que sí lo sea?

Escucha tus sentimientos. Escucha tus Pensamientos más Elevados. Escucha a tu experiencia. Cada vez que una de estas tres cosas difiera de lo que te han dicho tus maestros, o has leído en tus libros, olvida las palabras. Las palabras constituyen el vehículo de Verdad menos fiable.

Hay tantas cosas que quiero decirte, tantas cosas que deseo preguntarte, que no sé por donde empezar.

Por ejemplo, ¿por qué no te revelas? Si de verdad hay un Dios, y eres Tú, ¿por qué no te revelas de un modo que todos podamos entenderlo?
Ya lo he hecho, una y otra vez. Estoy haciéndolo de nuevo aquí y ahora.
Neale Donald Walsch

Conversaciones con Dios (1)

En la primavera de 1.992 - recuerdo que fue por Pascua -, un fenómeno extraordinario ocurrió en mi vida. Dios empezó a hablar con usted. A través mío.

Me explicaré.

En aquella época era muy infeliz, personal, profesional y emocionalmente, sentía que mi vida era un fracaso a todos los niveles. Dado que, desde hacía años, había adquirido el hábito de escribir mis pensamientos en forma de cartas (que normalmente nunca enviaba), cogí mi fiel cuaderno de papel amarillo tamaño folio, y empecé a volcar mis sentimientos.

Esa vez, en lugar de escribir otra carta a otra persona de la que yo imaginaba ser una víctima, pense que iría directamente a la fuente; directamente al mayor <> de todos. Decidí escribir una carta a Dios.

Fue una carta rencorosa, apasionada, llena de confusiones, deformaciones y condenas. Y un montón de enojosas preguntas.

¿Por qué mi vida no funcionaba? ¿Qué haría que llegara a funcionar? ¿Por qué no lograba ser feliz en mis relaciones? ¿Siempre iba a escapárseme la experiencia de disponer de suficiente dinero? Finalmente - y sobre todo - ¿qué había hecho yo para merecer una vida de continua lucha como la que tenía?

Para mi sorpresa, cuando hube acabado de garabatear toda mi amargura, mis preguntas sin respuesta, y me disponía a dejar la pluma, mi mano se quedó suspendida sobre el papel, como si la sostuviera una fuerza invisible. De repente, la pluma empezó a moverse por sí misma. No sabía en absoluto lo que estaba a punto de escribir, pero parecía que iba a acudir a una idea, de modo que decidí dejarme llevar.
¿Realmente deseas una respuesta a todas esas preguntas, o simplemente te estás desahogando?

Parpadeé... y entonces surgió una respuesta en mi mente. La escribí también: Pero ¿no sería más agradable que lo fueran ?

Y escribí:
<<¿Qué se supone que significa eso?>>

Sin que yo lo supiera, había empezado una conversación... y, más que escribir por mi cuenta, estaba escribiendo al dictado.
¿cómo habla Dios, y a quién? Cuando lo planteé, he aquí la respuesta que obtuve:

Hablo a todo el mundo. Constantemente. La cuestión no es a quién hablo, sino quién me escucha.

Intrigado, le pedí a Dios que me lo explicara mejor. Y esto es lo que dijo:

En primer lugar, vamos a cambiar la palabra hablar por la palabra comunicarse. Es un término mucho mejor; resulta más completo y más apropiado. Cuando tratamos de hablar a otros - tú a Mí, Yo a ti -, inmediatamente nos vemos restringidos por la increíble limitación de las palabras. Por esta razón, no me comunico únicamente con palabras. En realidad, rara vez lo hago. Mi modo usual de comunicarme es por medio del sentimiento.

El sentimiento es el lenguaje del alma.

Si quieres saber hasta que punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto.

A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad.

El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo. De nuevo. Si tú quieres.

Le dije a Dios que si quería, pero que en ese momento deseaba aún más una respuesta completa y detallada a mi primera pregunta. He aquí lo que Dios me dijo:

También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las mismas palabras.

Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el vehículo de la experiencia, que es un magnífico medio de comunicación.

Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y la experiencia, utilizo las palabras. En realidad, las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.

¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos, pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la verdad. No son el objeto real.

Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son los llamados sentimientos; y también los pensamientos.

La suprema ironía del asunto es que vosotros hayáis dado tanta importancia a la palabra de Dios, y tan poca a la experiencia.
En efecto, dais tan poco valor a la experiencia que, cuando vuestra experiencia de Dios difiere de lo que habéis oído sobre Dios, automáticamente desecháis la experiencia y os quedáis con las palabras, cuando debería ser precisamente lo contrario.

Vuestra experiencia y vuestros sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente sabéis acerca de ello. Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir lo que sabéis.

Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico; aunque no sistemáticamente, pues ni todos los sentimientos, ni todos los pensamientos, ni toda la experiencia ni todas las palabras proceden de Mí.

Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre. Muchos pensamientos y muchos sentimientos han sido promovidos por causas que no son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan también de dichas causas.
Neale Donald Walsch / Conversaciones con Dios

Aprendiendo de la flor


Había una joven muy rica, que tenía todo: un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo donde le pagaban muy bien, una familia unida.

Lo extraño es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo su tiempo y su vida estaba mal en algunas áreas. Si el trabajo consumía mucho tiempo, abandonaba a sus hijos, si surgía algún problema, ella dejaba de lado a su marido... Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después,

Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: una flor muy cara y rarísima, de la cual había apenas un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo:

"Hija, esta flor te ayudará mucho más de lo que tu te imaginas! Únicamente necesitas regarla y podarla de vez en cuando, ocasionalmente conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y las más lindas flores."

La joven la recibió emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual. Más el tiempo fue pasando, los problemas surgían, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor.

Ella llegaba a casa, miraba la flor y aun estaba ahí, no mostraba ningún signo de debilidad o muerte, siempre, linda, perfumada. Entonces ella pasaba sin prestarle más atención.

Hasta que un día, sin más, la flor murió. Ella llegó a casa y se llevó un susto! Estaba completamente muerta, sus raíces estaban resecas, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La Joven se hecho a llorar y le contó a su padre lo que había acontecido.

Su padre entonces respondió:

"Imaginé que eso ocurriría, y no puedo darte otra flor, porque no existe otra igual a ella, era única, así como tus hijos, tu marido, tus amigos y toda tu familia.

Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero debes aprender a regarlos, podarlos y dar atención a ellos, pues así como la flor, los sentimientos también mueren. Tú te acostumbraste a ver la flor viva, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. ¡Cuida a las personas que amas!"

Y tu... ¿Cuidas de las bendiciones que Dios te ha dado? Protege esa flor, pues forman parte de las bendiciones del Señor: El nos las de, mas nosotros somos lo que debemos cuidar de ellas.
Eclesiastés 3:1
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Cuentos Orientales (2)

El verdadero poder

Un hombre de corazón endurecido decidió hacerse discípulo de un sabio con fama de tener mucho conocimiento y poder. En realidad, lo que deseaba era llegar a convertirse en maestro él mismo y reunir miles de discípulos que lo venerasen y satisfacieran todos sus caprichos. Pero el sabio, leyendo el corazón de aquel hombre, lo rechazó como discípulo. No obstante, no se dio por vencido. Corría el rumor de que el maestro poseía un talismán mágico que era la fuente de su poder y sabiduría, por lo que decidió averiguar si era cierto, y llegado el caso, robarlo. Por fin, una noche, después de mucho esperar y acechar, logró hacerse con el talismán. Pero aquel individuo, por más que manipulaba y estudiaba el talismán, no era capaz de adquirir un ápice de conocimiento ni poder aunque, no obstante, llegó a tener algunas centenas de pobres discípulos a los que enseñaba. Confiaba en que antes o después el talismán le relevase todos sus secretos.

Pero una noche, de repente, apareció en su estancia el maestro.

-Eres un pobre desgraciado que no conoce las consecuencia de sus actos -le espetó-. Haces creer a esos pobres desgraciados que eres un maestro, y en realidad estás manipulando sus emociones y anhelos. Nadie te dio la potestad de enseñar. Esta potestad sólo puede otorgarla un hombre de conocimiento como yo. Y ni yo, ni nadie como yo te la dará jamás. Ahora devuélveme el talismán que me robaste .

Aquel hombre, sintiéndose atrapado, contestó lleno de ira:

-Está bien, tal vez yo no logre nunca el conocimiento y el poder, pero tú lo has perdido y por eso vienes a buscar el talismán mágico que otorga esos dones. Pues has de saber que no te lo devolveré nunca, antes te mataré o tendrás tú que matarme.

-Pobre desgraciado -dijo el maestro-, no te das cuenta de tu estupidez. ¡Yo soy un maestro y puedo hacer otro talismán! ¡Tú con el talismán no puedes ser un maestro!

Opiniones ajenas

Un abuelo y su nieto se encaminaron un día a una aldea vecina para visitar a unos familiares, por lo que se acompañaron de un borrico a fin de hacer más llevadera la jornada. Iba el muchacho montado en el burro cuando al pasar junto a un pueblo oyeron:

-¡Qué vergüenza! El jovencito tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie.

Oído esto decidieron que fuera el abuelo en la montura y el joven andando. Pero al pasar por otra aldea escucharon:

-¿Viste al egoísta? Él bien tranquilo en el burro, y el muchachito caminando.

Entonces acordaron que lo mejor sería montar los dos en el jumento y así atravesaron otro pueblo, donde unos lugareños les gritaron:

-¿Qué hacéis vosotros? Los dos subidos en el pobre animal. ¡Qué crueldad, vais a terminar reventándolo!

Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo más acertado era continuar a pie los dos para no tener que soportar más comentarios hirientes. Pero pasaron por otro lugar y tuvieron que oír cómo les decían:

-¡Tontos! ¿Cómo se os ocurre ir andando teniendo un burro?

Lo fundamental y lo accesorio

Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días ya punto de morir de sed, vio que una caravana se acercaba. Como pudo, llamó la atención de los viajeros, que presurosos se dirigieron hacia el necesitado. Éste, con un hilo de voz apenas pudo decir:

-Aaaguaa.

-Pobre hombre, parece que quiere agua, rápido, traigan un pellejo -reclamó uno que parecía el jefe.

-Un pellejo no, por Dios -interpeló otro-, no tiene fuerzas para beber en un pellejo, ¿no se dan cuenta? Traíganos una botella y un vaso para que pueda hacerlo cómodamente.

-¿Un vaso de cristal? ¿Estás loco o qué te pasa? -protestó otro de los presentes-. ¿No ves que lo cogerá con tanta ansia que puede romperlo y dañarse? ¡Traigamos un cuenco de madera!

-Aaaguaa... susurró el moribundo.

-Creo que ustedes se han vuelto locos -agregó un cuarto hombre-. ¿Es que acaso no recuerdan que tenemos un vino excelente? Siempre lo reanimará más un buen vaso de vino que el agua. ¡Traigamos el vino!

-Beebeeer -imploró el sediento con sus últimas fuerzas.

-Seguro que el desierto los ha hecho perder el juicio. ¿Cómo vamos a darle vino sin saber si este hombre es musulmán? ¡Estaríamos obligándolo a cometer un gran pecado! Preguntémosle antes si es religioso -solicitó otro hombre de aspecto bondadoso.

-Pero ¿es que de verdad piensan darle de beber aquí a pleno sol? Antes tenemos que ponerlo a la sombra; yo tengo ciertos conocimientos de medicina y les digo que este hombre está ardiendo de fiebre y agotado. Llevémoslo a la caravana y pongámoslo en una cama -intervino otro de los presentes.

A los mercaderes no les dio tiempo a discutir más, aquel hombre acababa de fallecer en sus brazos.

Otro punto de vista

Un paseante vio una vez a un pastor que, subido a una escalera, daba de comer de las tiernas ramas de un árbol a una cabra que llevaba en brazos. A cada rato debía bajarse de la escalera y buscar una nueva posición donde subirse, para que la cabra comiera hojas verdes. Intrigado, preguntó a aquel hombre:

-¿Qué haces ahí subido a la escalera?

-¿No lo ves? -contestó el pastor-. Doy de comer a la cabra.

-¿Y cómo se te ocurre hacer eso? -volvió a preguntar de nuevo-. No ves que así vas a tardar muchísimo tiempo?

-¿Y qué prisa tiene la cabra?

Interpretando los símbolos

Una vez un monje mendicante llegó a un monasterio en busca de alojamiento. Según la tradición lo normal era entablar con el recién llegado un debate sobre distintos aspectos de la enseñanza budista en el que se ponía a prueba tanto al huésped como a los monjes del cenobio. Pero aquel día todos estaban muy cansados, así que el abad decidió que el debate corriera a cargo de un monje que, además de tuerto, tenía pocas luces.

El abad decidió aconsejarlo:

-Como no tienes mucho conocimiento ni facilidad de palabra, procura que el debate se haga en silencio, y además intenta que sea lo más corto posible.

A la mañana siguiente, el abad se encontró con el visitante, que ya partía.

-¿Qué tal fue el debate? -preguntó.

-Puedes sentirte satisfecho de tus monjes, él dijo ser el más torpe de todos, pero confieso que me derrotó claramente por su elevada comprensión del budismo.

-Cuéntame cómo fue el diálogo -rogó el abad.

-Para empezar, yo levanté un dedo, queriendo expresar al Buda. Él contestó levantando dos dedos, haciéndome ver que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Yo entonces levanté tres dedos, indicando al Buda, su enseñanza y sus monjes. Pero a continuación él lanzó un puño contra mi cara haciéndome entender que todo parte de una comprensión única y definitiva. No supe qué contestar, así que, derrotado, me marcho de tu monasterio.

Instantes después apareció el monje tuerto, y el abad le pidió el relato de lo ocurrido en el debate.

-Ese hombre era un maleducado, empezó levantando un dedo recordándome que yo tenía solo un ojo; yo fui benevolente y levanté los dos dedos en señal de que él afortunadamente tenía los dos ojos, pero insistió en el insulto al levantar los tres dedos mostrando que entré él y yo teníamos tres ojos, así que le di un puñetazo. Entonces se levantó y se dio la vuelta sin decir nada.

Cielo e infierno cercanos

Un samurai fue a visitar a un viejo sabio para plantearle una duda que lo atormentaba.

-Señor, estoy aquí porque necesito saber si existen el infierno y el paraíso.

-¿Quién lo pregunta? -contestó el maestro.

-Un guerrero samurai.

-¿Tú un samuray? -se burló el maestro-. ¿Con esa cara de idiota que tienes?

El guerrero no daba crédito a lo que oía.

-Seguro que además de estúpido eres un cobarde -se mofó de nuevo.

La ira se adueñó del samurai que desenvainó instintivamente su sable.

-¡Ahora se abren las puertas del infierno! -gritó el anciano.

El guerrero comprendió de súbito la actitud del maestro y guardó su sable avergonzado.

-¡Ahora se abren las puertas del paraíso! -exclamó de nuevo el maestro.
Recopilacióen de Ramiro Calle y Sebastián Vázquez

Amigo o Ángel

¿Sabes tú cuál es la diferencia entre un amigo y un ángel?

Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna... un amigo nos toma de la mano y nos acerca a Dios.

Un ángel tiene la obligación de cuidarnos, un amigo nos cuida por amor.

Un ángel te ayuda evitando que tengas problemas mientras que un amigo te ayuda a resolverlos.

Un ángel te ve sufrir, sin poder abrazarte, un amigo te abraza por que no quiere verte sufrir.

Un ángel te ve sonreir y observa tus alegrías, un amigo te hace sonreir y te hace parte de sus alegrías.

Un ángel sabe cuando necesitas que alguien te escuche mientras que un amigo te escucha sin decirle que lo necesitas.

Un ángel es en realidad parte de tus sueños, un amigo comparte y lucha porque tus sueños sean una realidad.

Un ángel siempre está contigo ahí, no sabe extrañarnos, un amigo cuando no está contigo, no sólo te extraña, también piensa en ti.

Un ángel vela tus sueños, un amigo sueña contigo.

Un ángel aplaude tus triunfos un amigo te ayuda para que triunfes.

Un ángel se preocupa cuando estas mal, un amigo se desvive porque estés bien.

Un ángel recibe una oración tuya mientras, un amigo hace una oración por ti.

Un ángel te ayuda a sobrevivir.. un amigo vive por ti.

Para un ángel eres una misión que cumplir... para un amigo eres un tesoro que defender...

Un ángel es algo celestial... un amigo es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida: "el amor y la amistad"...

Un ángel quisiera ser tu amigo... un amigo sin proponérselo lo es.

Proverbios 18:24 "El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo: Y amigo hay más conjunto que el hermano."

Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Job 2:11
Renuevo de Plenitud