Las almendras, fieles aliadas de la salud.




Una nueva investigación demuestra que si bien las almendras contienen una gran cantidad de grasa, no interfieren con la pérdida de peso si se incorporan a una dieta sana y equilibrada. Es más, las almendras pueden ser beneficiosas en la estabilización de los niveles de colesterol.

Las almendras son mucho más que un aperitivo. Aquellos de ustedes que están en una dieta estricta saben lo difícil que es evitar aperitivos por mucho tiempo, y aperitivos como las nueces y las almendras se les suele considerar como prohibidos debido a su alto contenido de grasa. De acuerdo a un estudio recientemente publicado en la Revista Americana de Nutrición Clínica (American Journal of Clinical Nutrition), esto es un error: además de ser saludables, las almendras no tienen por qué estropear los esfuerzos para perder peso.

En este estudio, se les hizo un seguimiento, por 18 meses, a 123 participantes con cierto grado de sobrepeso y que estaban en una dieta en la que se restringe la ingesta de calorías. Las mujeres consumieron una dieta básica de entre 1200 y 1500 calorías por día y los hombres entre 1500 y 1800 calorías por día. Los participantes fueron divididos en dos grupos al azar: un grupo se abstuvo de comer cualquier tipo de almendras o nueces, y el segundo grupo se le permitió tener 2 paquetes de almendras con un peso de 28 gramos cada uno (1 onza, aproximadamente 24 almendras por paquete) por día.

Las almendras no interfirieron en la pérdida de peso

Después de seis meses, los miembros del grupo que no comieron almendras perdieron un poco más de peso corporal que los miembros del grupo que comieron almendras – 7.2 kg. (15.9 libras) en comparación con 5.4 kg (11.9 libras), en promedio. Sin embargo, después de 18 meses, no hubo una diferencia clara en la pérdida de peso total entre los grupos.

Además, el consumo de almendras estuvo acompañado de beneficios para la salud. La investigación anterior sugiere que las almendras pueden jugar un papel en la reducción de factores de riesgo para enfermedades del corazón; por lo tanto, los investigadores de este estudio esperaban ver algunas mejoras en los participantes que consumieron las almendras. Y, en efecto, a seis meses de iniciado el estudio, los niveles de colesterol entre los que recibieron las almendras cayeron significativamente en comparación con los del grupo de control. Después de 18 meses, los niveles de colesterol aumentaron en ambos grupos –aunque permaneciendo por debajo de 200 mg / dl- aunque eran todavía ligeramente inferiores en el grupo que consumió almendras.

Las almendras son especialmente ricas en magnesio, vitamina E, potasio y n-9 ácidos grasos monoinsaturados – grasas “buenas”- siendo una muy buena fuente de fibra y calcio. Todos estos nutrientes sirven particularmente de ayuda para la salud del corazón, que es una de las principales preocupaciones en el sobrepeso y la obesidad. Según los investigadores, usted puede consumir almendras mientras se encuentra en programas de pérdida de peso, y, a la vez, perder peso con el efecto positivo adicional sobre los niveles de colesterol y grasa en la sangre.

Otros beneficios de las almendras
  • Las almendras son un excelente alimento rico en antioxidantes.
  • Las almendras son ricas en vitamina E, la cual protege a las membranas celulares de daños. 
  • El magnesio que contienen las almendras también es bueno para mejorar los niveles de presión arterial.
  • Son excelente alimento para el cerebro, lo cual ayuda a prevenir el Alzheimer.
  • Se demostrado que el consumir almendras acompañando otros alimentos reduce su índice glicémico.

 Las almendras, y en general todas las oleaginosas, son alimentos que nos aportan importantes cantidades de fibra, proteínas, minerales, vitaminas del grupo B, vitamina E, y grasas saludables. Entre los minerales destacan hierro, fósforo, magnesio, potasio, zinc y calcio.
Un patrón de dieta saludable incluye verduras, frutas, leguminosas, oleaginosas (nueces, maní, almendras), granos enteros, fuentes de proteínas magras y productos lácteos bajos en grasa.
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Estrés y el envejecimiento celular

En la intimidad de los delicados mecanismos genéticos que rigen la división y la multiplicación celular, los científicos han hallado por primera vez pruebas fehacientes de que el estrés anticipa el envejecimiento.


El hallazgo de investigadores del Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad de California demuestra que una acumulación de situaciones estresantes es capaz de agregar muchos años más al ADN de una persona que los de su edad cronológica real.
Los científicos encontraron que las células de la sangre de mujeres que habían pasado la mayor parte de sus vidas cuidando de un hijo discapacitado tenían, genéticamente hablando, una década más de edad que las mismas células de aquellas madres que llevaban menos tiempo en la misma difícil tarea.
El estudio, que aparece en las actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, sugiere también que la percepción de estar estresado puede agregar años genéticos a la edad biológica de una persona.
A pesar de que los médicos han relacionado el estrés psicológico con una función inmunológica débil y un mayor riesgo de contraer infecciones, aún intentan comprender cómo es que esta tensión permanente daña y debilita los tejidos del organismo.
La nueva investigación sugiere una manera en que ese deterioro podría ocurrir y, lo que es más promisorio, abre al mismo tiempo la posibilidad de que el proceso pueda ser revertido.
"Este es un significativo descubrimiento”, afirmó el doctor Bruce McEwn, director del Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller de esta ciudad, quien agregó que el hallazgo brinda algunas de las más claras evidencias jamás halladas hasta ahora acerca "del daño que pagan los tejidos luego de una vida con alto estrés".
"Ya sabemos que al envejecer —continuó el doctor McEwen— tenemos más tendencia a engordar, a desarrollar enfermedades de corazón y diabetes, pero esto es una novedad."
En el experimento, las doctoras Elissa Epel y Elizabeth Blackburn, de la Universidad de California, en San Francisco, dirigieron un equipo de investigadores que analizaron muestras de sangre de 58 madres jóvenes y de mediana edad, 39 de las cuales cuidaban a un hijo con enfermedades crónicas, como autismo o parálisis cerebral. Utilizando técnicas genéticas, examinaron el ADN de los glóbulos blancos, que son fundamentales para la respuesta del cuerpo ante una infección.
Las científicas se centraron en una parte del ADN llamada telómero, en el extremo de los cromosomas de la célula.
Como la cabeza de un fósforo partido, el telómero se contrae cada vez que la célula se divide y se duplica.
Las células se reproducen a sí mismas muchas veces en la vida para reparar y fortalecer al órgano que las alberga, para crecer o para luchar contra cualquier enfermedad.
Una sustancia química llamada telomerasa ayuda a restaurar una porción del telómero en cada división.
Pero luego de 10 a 50 divisiones, aproximadamente, el número varía según el tipo de tejido y el estado de la persona: los biólogos aún no comprenden bien cómo funciona el sistema, pero el telómero se vuelve tan corto que la célula no puede reproducirse más.
Las personas que nacen con una enfermedad genética llamada disqueratosis congénita, que causa un acelerado acortamiento de los telómeros, mueren jóvenes, habitualmente a mediana edad, muy frecuentemente por complicaciones debidas a un sistema inmunitario débil.
En resumen, se cree que el cambio en la longitud del telómero, a través del tiempo, es la medida de la edad de la célula, de su vitalidad.
Cuando los investigadores compararon el ADN de madres que cuidaban hijos discapacitados, encontraron una impactante tendencia: luego de considerar los efectos de la edad, calcularon que cuanto más tiempo las mujeres habían estado cuidando a su hijo, más corto era el largo de su telómero y más baja la actividad de su telomerasa.
Algunas de las madres más experimentadas tenían más años que su edad cronológica, según las mediciones de sus glóbulos blancos.
"Cuando la gente bajo estrés aparece ojerosa, es como si envejeciera delante de nuestros ojos, y acá está sucediendo algo a nivel molecular"; eso es lo que refleja esa impresión, aseguró la doctora Blackburn, profesora de bioquímica y biofísica.
Los investigadores también dieron a las mujeres un cuestionario donde se les pedía que establecieran un puntaje, en una escala de tres puntos, para indicar el grado de agotamiento que sentían en su vida cotidiana y con qué frecuencia se veían incapacitadas para controlar las cosas importantes. Las mujeres que estaban bajo fuerte estrés también tenían telómeros significativamente acortados comparados con los de las que se sentían más relajadas, estuvieran criando o no a un niño discapacitado.
"Algunas de las mujeres que tenían un estrés real también tenían una baja percepción del mismo y el próximo paso será tratar de comprender qué es lo que provoca este tipo de poder de recuperación", afirmó la doctora Epel.
Epel agregó que planeaban estudiar el efecto de la meditación y el entrenamiento de la meditación y el yoga, tanto en la percepción del estrés como en la longitud del telómero. Un tipo de tratamiento, la terapia cognitiva, en la que la gente aprende a moderar sus respuestas al estrés, también podría ayudar, aseguran los psicólogos.

Genes y educación
Sin embargo, la personalidad y la educación recibida seguramente también cuentan para lograr una diferencia.
En 2003, un grupo de investigadores comenzó a estudiar a 850 personas de Nueva Zelanda desde el nacimiento hasta los 26 años e informó que las variaciones en un solo gen ayudaron a predecir qué niños serán más tarde susceptibles a la depresión ante acontecimientos estresantes, como el divorcio y el desempleo.
Los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de los EE.UU. demostraron en monos que una crianza afectuosa y atenta de las crías podía proteger a los animales jóvenes de esta variación genética promoviendo el poder de recuperación en individuos genéticamente vulnerables. Una educación fría y abusiva, afirman los psiquiatras, puede tener el efecto opuesto.
"Todos estos factores se entrelazan en la forma en que una persona maneja el estrés —dijo el doctor Ronald Glaser, director del Instituto de Investigación de Medicina Conductista de la Universidad de Ohio, quien con su esposa, la doctora Janice Kiecolt-Glaser, documentó el efecto del estrés en la función inmunológica—. Ahora tenemos evidencias, desde un amplio rango de campos, de estudios de curación de heridas, de inflamación, de vacunas, y recientemente, de la edad de las células, lo que realmente explica que el estrés puede causar daño."
Los expertos advierten que el estudio del telómero necesita ser repetido y que por ahora nadie ha demostrado convincentemente que el estrés psicológico acorta significativamente la vida de las personas.
Además, está lejos de quedar claro con exactitud cómo inquietarse por los problemas de aprendizaje de un niño, por ejemplo, puede causar que los telómeros de los padres se acorten antes de tiempo. A pesar de que los investigadores saben que la tensión emocional de este tipo provoca la liberación de hormonas del estrés, como el cortisol, que con el tiempo puede dañar las células, nadie sabe cómo estas hormonas u otras toxinas relacionadas con el estrés afectan a los telómeros.
"Por ahora, ésa es la caja negra", aseguró la doctora Blackburn. "Y eso es lo próximo que vamos a estudiar."
New York Times