Despierta El Niño que hay en Ti


“Dejen que los niños vengan a mi, porque de los que son como ellos, es el Reino de los Cielos” Mateo 19:14
La pregunta que mas llegó a mi email fue ¿Cómo alcanzar los sueños perdidos? y mi respuesta es sea como un niño o una niña. Los niños tienen una capacidad natural de soñar y de ir tras sus sueños. Ellos son los mejores ejemplos de vivir en constantes desafíos, ellos no pueden estar tranquilos y no se preocupan ni se enferman de estrés. A diferencia de nosotros los adultos que en su mayoría no nos gustan los desafíos, preferimos la comodidad y nada que nos estrese.

De los niños podemos aprender muchas cosas como la inocencia, la pureza, la confianza, pero la que mas me gusta es que ellos disfrutan el hoy, ellos no están pendiente por el mañana, no viven del pasado, ellos pueden disfrutar el día de hoy. Esta puede ser una de las razones por qué Jesús enfatizaba de ser como ellos, los niños pueden reír, jugar, llorar, comer, divertirse y es que el Reino de los cielos es justicia, paz y gozo. Definitivamente hay que ser como un niño, y lo que me encanta de los niños es su capacidad de aprendizaje, aprenden rápidamente. Podemos aprender de ellos.
Como adultos somos desafiados constantemente por los desafíos de la vida como el matrimonio, el trabajo, el ministerio, la comunicación, el dinero y hay una lista que sigue. Muchos de estos desafíos nos han alcanzado y hemos perdido la capacidad de soñar por lo cual no disfrutamos la vida, sino que vivimos preocupados y afanados, pensando en:
* Algún día Dios se acordará de mí.* Si Dios quiere sacarme de esta deuda lo hará.* No creo que lo haga, soy tan…* Miserable de mi…* No puedo…
Hay muchos pensamientos que llegan a nuestra mente y nos bloquean para que no alcancemos resultados extraordinarios, necesitamos despertar el niño que hay en nosotros y de seguro encontraremos confianza y posibilidades.
Una anécdota nos cuenta:
Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua, quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.
- “Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, afirmaban.
En ese instante apareció un anciano y dijo:
- “Yo sé cómo lo hizo”.
- “¿Cómo?”
- “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.
¿Te paso alguna vez eso? ¿Alguien te dijo que no ibas a lograr tus sueños?
Yo te digo que elijas tu sueño y comiences a construir la vida que Dios diseñó para ti y esa vida El la ha puesto en tu corazón. Dile no a las excusas.
“Las excusas son los clavos que se utilizan para construir un edificio de fracasos”. Don Wildery.
¿Cómo despertar el niño?
1. Cambia tu manera de pensar y cambiará tu manera de vivir.2. Sal de la rutina que no te permite aprender cosas nuevas. Busca siempre aprender.3. Ponte metas que te beneficien a ti y a las personas que te rodean.4. Elabora, acciona y revisa un plan para lograr tus metas.5. Se creativo.
Los sueños deben ser creados y vividos en la imaginación primeramente, luego haz un plan y por ultimo haga todo lo necesario para llevarlo a cabo. Estoy seguro que tus sueños se cumplirán.
Hoy decide despertar el niño que hay en ti y marcha tras tus sueños.

Fuente: Pedro Sifontes/info@liderazgocreativo.com

¡Súbete a la silla!

Hoy pensaba en la superación, ¿qué es realmente? Hago memoria de algunos momentos de mi vida, en los cuales me sentí diferente o especial: cuando no podía alcanzar algo, como el vestido del armario, encender la luz, abrir la ducha, tocar el timbre de la casa, marcar un teléfono, etc... Todos podían hacerlo, excepto algunos niños pequeños, y yo, una mujer en cuerpo de niña.

En mi mente siempre ha existido un pensamiento positivo y dentro de mí, predomina un fuerte espíritu luchador, con un corazón soñador... que no cree en la limitación. Ante estas pequeñas dificultades, encontré una solución: LA SILLA... era fácil tomar una, acercarla al lugar adecuado y alcanzar aquello que quería o necesitaba...
¿Y los demás? Me aplaudían, como si hubiese hecho una gran hazaña... ¿por qué? Si no había en ello ninguna dificultad ni mucho menos limitación... Estamos en un mundo construido por gente grande... es solo eso... pero el Amigazo, a todo nos da la solución, solo que muchas veces somos ciegos y no lo vemos... Subirse a la silla, implica otro gran paso: - Pensarlo - Decidirse - Atreverse- Hacerlo - Continuar...

Pensarlo: hay que ser creativo, no decir simplemente "no puedo" y esperar a que otros nos realicen aquello... debemos ser recursivos, ver en ello una posibilidad de alcanzar lo que queremos.

Decidirse: Vemos la silla, sabemos lo que puede servirnos, pero no nos decidimos, porque hay quienes nos dan otras opciones, esperar, pedir el favor, renunciar... ¡Es necesario tomar la decisión!.

Atreverse: Porque el qué dirán se convierte en una piedra en el zapato, ¡qué pena que me vean!... ¿que dirán de mí?, ¿se reirán, se compadecerán?... ¿qué pensarán? Ahí los demás pueden ser obstáculos para ese gran paso que me ayudará a hacer realidad lo que espero.

Hacerlo: de una vez, sin darle más vueltas... tomar la silla, subirse a ella y luchar por lo que se quiere.
Continuar: porque podemos caernos, pero no detenernos... al subirnos a la silla pueden surgir muchas cosas que pueden estancarnos, pero la vida sigue, y una meta alcanzada no es el final, es el inicio de otra y otra meta más...

Y surge una pregunta: ¿Cómo superar aquellas cosas que no se alcanzan subiéndose a una silla? Haciendo referencia a la sociedad, las miradas, las risas, los comentarios, la falta de fe de algunos, el que nos midan por nuestro tamaño y mucho más. Pensándolo bien son cosas que no sólo los pequeños y especiales tenemos que enfrentar, es algo con lo que vive toda la humanidad.

Esas cosas de la vida diaria, se logran superar con el amor de la familia, el sembrar sentimientos de fe, esperanza y paz... el creer que al lado del Amigazo (Dios), todo se puede lograr...

Y ¿qué es la superación? ¿Acaso realizar una hazaña que el mundo cree que no puedo hacer? Superarse es lograr llegar mucho más allá... es aprender a no dejarse vencer por los obstáculos, es hacer realidad los sueños, es sentir que se alcanza lo que se ha propuesto, no para ser aplaudido, sino para sentirse realizado...

Superarse es saber caer y levantarse, es madurar, actuar por mí mismo... confiar en Aquel que nos Creó y que me hizo pequeño para cosas grandes. Todos los seres humanos tenemos limitaciones, en ello está nuestra humanidad. Todos tenemos cosas que no podemos hacer... pero hay algo: nada es imposible para el que tiene fe.

Es el momento para que, tal vez, quienes nunca se han creído pequeños y habrán sentido que son del mundo los dueños, tan solo porque tal vez nunca han necesitado subirse a una silla para alcanzar algo material... piensen en aquellas cosas que en el interior sienten que no han podido lograr, porque han tenido miedo, han pensado en el que dirán o no han creído en los sueños...

Súbanse a la silla de la superación, aquella que mantiene su equilibrio en la fe, para que no se voltee, para aprender a levantarse si tal vez han de caer. Superarse es ser capaz de subirse a la silla... y alcanzar los sueños... continuar la vida, luchando por llegar más lejos. Y cuando esté allá arriba y toque con mis manos el firmamento, sentiré que desde abajo, se ve más la grandeza del Cielo...
Fuente: Web Católico de Javier

La mujer del vestido de algodón barato

Se cuenta que un día se presentó tímidamente, sin haber hecho cita, un matrimonio en la oficina de la secretaria del Presidente de la Universidad de Harvard. La mujer iba en un desteñido vestido de algodón barato y su esposo, vestido con un raído traje. Habían hecho un viaje largo en tren que los llevó a Boston y de la estación habían caminado hasta la universidad.

La secretaria adivinó en un momento que habrían venido de los bosques, que serían campesinos sin tener nada que hacer en Harvard y ni merecían estar en Cambridge.

“Desearíamos ver al presidente” dijo suavemente el hombre.
“El estará ocupado todo el día” les dijo secamente la secretaria.
“Esperaremos” replicó la mujer.

Por horas la secretaria los ignoró, esperando que la pareja se desanimara y se fuera. Ellos no lo hicieron. La secretaria vio aumentar su frustración y finalmente decidió interrumpir al presidente: “Tal vez si usted conversa con ellos por unos minutos, se irán” le dijo.

Él hizo una mueca de desagrado y asintió. Alguien de su importancia obviamente no tenía el tiempo para ellos, y él detestaba los vestidos de algodón barato y los trajes raídos en la oficina. El presidente, con el ceño hosco y con dignidad, se dirigió con paso arrogante hacia la pareja.

La mujer le explicó su visita: “Tuvimos un hijo que asistió a Harvard por solo un año. El amaba a Harvard. Era feliz aquí. Pero hace un año, murió en un accidente. Mi esposo y yo deseamos levantar un memorial para él, en alguna parte del campus”.

El presidente no se interesó: “Señora”, dijo ásperamente, “no podemos poner una estatua para cada persona que asista a Harvard y fallezca. Si lo hiciéramos, este lugar parecería un cementerio.”

“Oh no”, explicó la mujer rápidamente. “No deseamos erigir una estatua. Pensamos que nos gustaría donar un edificio a Harvard”.

El presidente entornó sus ojos. Echó una mirada al vestido de algodón barato y al traje raído, y entonces exclamó: “¡Un edificio! ¿Tienen alguna remota idea de cuanto cuesta un edificio? Hemos gastado más de siete millones y medio de dólares en los edificios aquí en Harvard”

Por un momento la mujer quedó en silencio. El presidente estaba feliz. Tal vez se podría deshacer de ellos ahora. La mujer se volvió a su esposo y dijo suavemente: “¿Eso es todo lo que cuesta iniciar una universidad? ¿Por qué no iniciamos la nuestra?” Su esposo asintió. El rostro del presidente se oscureció en confusión y desconcierto.

El Sr. Leland Stanford y su esposa se pararon y se fueron, viajando a Palo Alto, California, donde establecieron la universidad que ahora lleva su nombre, la Universidad Stanford, en memoria de un hijo del que Harvard no se interesó. La universidad “Leland Stanford Junior” fue inaugurada en 1891, en Palo Alto. Es “Junior” porque era en honor al fallecido hijo del rico terrateniente.

Ése fue su memorial. Hoy en día la Universidad de Stanford es la número uno del mundo, por arriba de Harvard.

Es fácil caer en prejuicios y dejarnos guiar sólo por impresiones superficiales, olvidándonos de la dignidad que tiene cualquier persona, independientemente del bien que pueda hacernos. La calidad de una persona se manifiesta con claridad en el modo en que tratan a quienes piensan que no pueden hacer nada para ellos.

Fuente: Pbro. José Martínez Colín/Tomado de Pequeñas Semillitas

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